Horror vacui
“No
se vuelve consciente sin el dolor. Las personas harían cualquier cosa, no
importa cuán absurdo, en orden para evadir su propia alma. Uno no se convierte
iluminado escaneando figuras de luz, pero haciendo la oscuridad consciente”.
—Carl Gustav Jung.
Cuarta entrada Sin fecha.
Creo que es uno de los
miedos más humanos que uno puede enfrentar, aun así no todos lo (re)conocemos.
Desde que he ponderado de lo más mínimo hasta lo más que como humano limitado
puedo llegar, –reconociendo el valor holístico que tiene este término– cuesta
entender el valor supra y omnipresente del concepto. Algo que no creo que “mis
propios amigos” pudiesen entender –y redundando en el entendimiento, que hasta
a mí me costó desmembrar–. Me he dado cuenta luego de esas juntas para distraer
mi mente, hace un mes exactamente luego de observar acciones de los demás. Una
pantalla, una droga mejor dicho. Algo tan pasajero e intrínsecamente y
arquetípico… vivir emociones y hechos fugaces donde la risa amortigua el propio
dolor; la realidad. Porque dicha realidad no es más que convertirse en “un
amargado”; un pesimista ante lo que llaman “vida”. Tanta fugacidad que apenas se
erige en mi memoria como bueno –y me refiero a sustancioso– incluso, hasta me
siento como pez fuera del agua fingiendo estar en un juego donde el pensamiento
grupal se homogeniza ante lo individual, lo que me absorbe; en tiempo y
energía. Sigo conversaciones de burlas de niños, unas de esas parecidas a tirar
la pelota y si no la recibes te sientes una burla. Hay veces que pienso que
roban mi propia soledad –o la de ellos– sin ofrecer verdadera compañía. Aquí
concuerdo con Nietzsche.
Hablando de eso, me
referiré a mi relación con ellos. Ha cambiado. No a todos los conozco –creo que
ni ellos a mí– porque en ensimismamiento, o mejor conocida intraversión no ven.
Es mucho mi tiempo observándolos, que también creo que lo consideran cínico y
hasta veces extraño que alguien con pseudo afán de psicóloga lo haga –me gusta
mucho hacerlo, es inevitable–. Pero saliendo del contexto ritualístico de lo
cotidiano, con todo el cambio de trajes y el mismo escenario; me consume su
vacío. El mismo vacío occidental, el mismo vacío que te hace sentir solo, la
misma ilusión que te hace sentir una droga porque sabes que aquellos momentos
son temporales y valen poco. Momentos que olvidarás –o por el sentimiento de lo
mejor, o porque no te satisface de verdad–. Es cierto, las risas pueden durar
lo que dura un lamento, reanudando lo mismo sólo que en otros escenarios
envueltos de trago y comida que no cambian del mismo repertorio o diálogo de
ese escenario donde los suelo ver. Vacío y abarrocado a la vez, el similar
estilo de arte que genera al ojo que ya no hay espacio. Ya no hay espacio para
mí aquí. Una “amiga” me lo dijo. Esa misma persona que escribí pensando que
sería algo mejor siendo que (pre)siento que se convirtió en algo decepcionante.
Algo manipulador y cínico con la gente; oportunista de los sentimientos de “buena
fe” que le entrega la gente. Creo que engañará a un amigo y lo usará… pero me
siento a observarlos –quizás se vea cínico– desde la distancia a comprobar lo
que pasará…
Noté la vacuidad de los
sentimientos, y mi propio aislamiento. Con esto, no culpo a Mercurio en
retrógrado por haber influido en esta causalidad o cuestionamiento, en este
papel que escribo dentro plasmado en un teclado con compás y tempo. Sé que
sonará algo incoherente, pero siento rabia e incompetencia de no encontrar
aceptación y no comprensión, en seres de mi edad –que he perdido mi razón– en
la búsqueda idealista-epicúrea. Son seres sanos, pero que su dialéctica no
llena un globo. Me decepcionan. Me decepciono. Ahora siento que estoy siendo
más incomprendida de los estándares considerados, que me llaman loca y
excéntrica por decir y pensar diferente al resto. Por notarme casi más que mi
grupo el cual ya no esperaré ni un llanto, sólo el porqué de una partida de
quienes dicen conocerme…
Creo que lloro porque en
parte me importa, porque gasté mi tiempo en pájaros que me consideran uno, y los matan con el tiempo… De hecho, siempre
me he llevado bastante o relativamente bien con personas de mi edad. Pasa que
si uno se sale de las cajas mentales, ponen sus tratativas de extrañeza y poco
adaptabilidad a lo distinto. También otro horror para el statu quo social…
hasta político –lo que quieren lograr, muchas gracias por todas las maniobras–.
Es por eso la pena, el desgaste emocional, la incomprensión social de quienes
dicen ser amigos –quizás son amistosos, no amigos–. “Aceptar la diversidad”.
Vamos que no lo hacen conmigo, es una pena decir que uno es incomprendido, y
que tampoco es necesario cambiar para amoldarte a lo social.
De verdad, el horror del
vacío esculpe mi mente con ideas sobre lo que pienso del vacío asociado a algo
como relaciones de amistad, escenas de cotidianeidad, lo físico de algún
lugar…o hasta lo absurdo de la realidad para trabajar y ganar monedas para simpatizar,
y distraerte de lo que es real. La tempestad y la nubosidad de mi propia
soledad para alcanzar lo que es el ser en sí, me distrae de completamente de
esos seres. Me drena, me cansa. Es por eso que escapo a mi propio mundo y
espacio neuronal, para sacar conclusiones al azar conectándolos con el vacío atómico
que se rellena con energía. Energía que podría usar para mirar hacia el vacío
del ser, el vacío de todo y aceptar mi realidad.
En fin, el vacío o el
horror a ello, no es malo. Malo es no darse cuenta que existe o no enfrentarlo
–como dije anteriormente–. El vacío de uno y todo. El horror de los otros de no
darse cuenta de que existe, el horror de quedarse y sentirse completamente
solo. Es cierto lo que esa canción dice: “cómo nadie me dijo que a través de la
historia, la gente más solitaria eran los que hablaban con la verdad”. Bueno,
es mi verdad; –no absoluta porque no soy omnisciente– mi perspectiva. Les diré
algo si lo ven, porque a quien consideraba que podría entenderme o ayudarme no
desea hacerlo en persona, sino que en una burda simulación de conversación que
me he hastiado de complacer, dice que no hablará. Su ineficiente estima es sólo
una farsa, hacerme independiente sin “que le importe” también lo es. Vamos… si
te molestó verme hablar con más gente, ¿no es así? Deberías preocuparte de tus
amigos reales y no simulados.
Haber escrito esto, un
pensamiento circular…bastante vociferado durante un encierro largo antes de
este arresto. Fue casi un arrebato eclipsado por deseos de escribir sin sacar
pluma y papel. Sólo un laberinto inconsciente en un estado consciente de ello.
Quizás represión del ego. Queriendo establecer y destruyéndolo hacía un sendero
que para mi corta edad, necesito establecer… lo que llaman un despertar…
desproviniéndo del pensamiento grupal y la ignorancia. Dejo entrever el lado
cerebral de lo que creo que resulta creativo, pero en sí no es más que la
compilación de lo que creo, y espero revelar a quien busque sin dar pena en
ello.
En sí, me redimo ante los
caudales del horror del vacío. Con dolor y apreciación de belleza ante la
oscuridad, alejándome de las distracciones que nublan mi visión.
Si la melancolía me
ataca, es porque nace la nueva nostalgia. El momento, la percepción lenta, mi
consciencia que divaga para encontrar respuestas a la que soy muy insegura para
responder a sabiendas de estas…Y digo: “¿No será que muchos de nosotros somos
porciones compartidas de vacíos, y no queremos vislumbrar hacia el interior y
el exterior?
Ya sé que se tornan
párrafos recurrentes al mencionar y describir como me ha afectado, pero como
todos queremos ser escuchados o comprendidos. Por eso el temor y horror al
vacío… porque uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde… Ya de tantos por,
quien lee debe sacar su conclusión.
Especialmente recuerdo
que en estas fechas me alejé de él… sintiendo la distancia y el vacío con la
discusión que tuvimos…”fuiste vacío, no te creí”. Ahora se torna en: “me
consume el vacío que no puedo rellenar”. Ya no es excusa que debo aceptarlo... aceptando todo lo demás... el cambio e impermanencia.
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