G r a d a c i ó n. Primera parte.

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G r a d a c i ó n

La larva encriptada

Déjà vécu: primera parte.       
                                                                                                                    
Primera entrada.                                                                                                        14 de Mayo, 2049.

¿Cómo empezar? La primera pregunta que todo aquél que escribe se hace. Tampoco sé por dónde empezar…sólo sé lo que voy a contar dentro de este espacio pequeño. Mi mente divaga, no sabe concentrarse. Escribir… Se traba el proceso… Mis sueños se diluyen como acuarelas grisáceas… Pero según dicen: “Escribir te ayudará, te desahogarás”. Ok, bueno, veré si me resulta contar esta historia. Desde el pequeño espacio confinado, es hora de relatar como estoy.

Me llamo Hélene Mulholland, soy detective, y vivo en la cinematográfica capital del amor y desamor. Mencionar mi edad no importa pero… ahora trato de averiguar cómo se resolverá para mí este asunto. Siendo, que  además que trato de recordar todo lo sucedido, porque comienzo a perder mi memoria, como si alguien hiciera uso de ella. Más bien creo, que es la realización de la propia conciencia, algo muy aterrador que el ser humano encuentra. Sé que algo extraño ocurre, ocurrió y ocurrirá… Lamento la verborrea…suele pasar. Pero recopilar fechas y memorias en mi cabeza suele ser una plétora.

Mi primer punto de partida será el pequeño encuentro con un personaje que por ahora lo mencionaré como: Espectro.

Todo comenzó en Mayo del año pasado –exactamente, para ser precisa–. Me transfirieron a un caso importante –no mencioné que era detective de una importante división–. Tenía que hacer un gran vuelo, tomar a mi mejor amigo –mi perro Toulouse–, mi identificación, mis cosas, mi teléfono, mi cámara y un cuaderno para hacer apuntes de los sucesos –cosa que nadie usa en estos días–, siendo que ahora hackean hasta los mensajes que escribes en las notas de tu dispositivo, más no tus notas en papel. Se me olvidaba el pasaporte… Casi.

Según las noticias ocurridas esos días mi jefe Menuit, llama desesperado a la oficina con todo, me llama y dice:

—Necesito que vayas a Japón. Urgente. Hay algo extraño ha ocurrido allá, te lo explicarán apenas llegues y tendrás toda la indumentaria que necesites. Las coordenadas y detalles estarán en tu correo. Tomarás el vuelo hoy mismo por la tarde, un chofer te está esperando.
—Ok. Acepto Menuit. Pero, necesito a mi equipo, un traductor, y que me conteste esto: ¿Por qué necesitan ayuda allá si tienen profesionales que se encarguen del asunto?
—Porque se ha salido de control. Además tendrás tu ascenso que has querido por tanto tiempo.
—Iré. Con una condición: todo mi equipo debe estar ahí. Sabes que somos los mejores en estos asuntos, ¿no es así?
—Te saliste con la tuya. Tómatelo como vacaciones anticipadas pagadas por el gobierno. Estaban tan dispuestos a pagar lo que fuera para que esto no atacara a su preciado emperador ni a su gente.
— ¿Estoy arriesgando algo?
—Probablemente. Nuestras relaciones internacionales y tu integridad física. Sólo ve y relájate… es sólo un viaje como cualquiera. —. Me dijo con tono despavorido, lo que comencé a sospechar.
—Ok…—Corté con preocupación.

Hay algo que no encajaba en todo esto… chantajes para adormecernos de la realidad en la cual todos caemos ciegamente. El mismísimo abismo de amapolas en su fondo sinfónico. Era la mosca en su telaraña. La mosca Mulholland. H. (mi nombre completo trataré de protegerlo ahora como “M.H”).

Tenía la garganta con algo amargo dentro del alboroto sin explicación previa… Siempre se solía trabajar mediante premisas de lo ocurrido. Datos, testigos, noticias… Ahora nada. Una llamada con una inusual petición al extranjero, cero noticias…cero. Nada. Vacuidad. Sólo un viaje como cualquiera… Tenía un mal presentimiento de todo esto.

Tenía que abordar, pero mi equipo no estaba. Sólo yo y Toulouse. Recuerdo que llegué al aeropuerto y sólo una mujer bajita me esperaba con un cartel –escrito con un pésimo francés, por cierto– “Mademoiselle Mulholland, atendré”. Notaba que mi equipo no aparecía… Ella solo dijo:

—Soy Kimi Izumi, traductora tu vender hotel, todos allí—. Sólo vi su expresión en el rostro, apenas hablé.
—Ok, acaso ¿hablas inglés? Podríamos comunicarnos así. Mi japonés no es avanzado.
—Yes, yes.
—Ok, then.
—I’ll work for you as a translator, and also as an agent for the Japanese government. Pardon my French in advance.
—No worries. I’m glad we work together.—Sonreí.
Luego, me llama mi jefe. Kimi sobresalta con su teléfono, entregándomelo.
—Hélene… Ha muerto tu antiguo compañero. —Me dijo sollozando.
— ¡¿Qué?! Dime que es una broma, hoy en día dan por muerta mucha gente por estos medios…
—No es necesario prender el televisor. Tampoco bromearía con semejante noticia. Han censurado el suceso. También han hackeado el sistema, después que tu compañero murió, se estima que es el mismo hacker que entró al sistema cuando él renunció a la agencia. Tengo noticias que afirman informes médicos, ha muerto aparentemente de un paro cardíaco mientras estaba en su apartamento. Las causas siguen investigándose por el equipo médico.
—Ya veo… ¿tienes su expediente? Necesito saber de su expediente. —Dije entremedio de sollozos e hipo.
—Sí, te los enviaré. Tengo su expediente y todos sus papeles que hizo antes de retirarse de la agencia.
—Necesito todos sus papeles. ¿Sabes de si harán su autopsia?
—Eso mismo te iba a decir. Sí, no se practicará porque su familia no lo ha permitido. Su funeral es mañana, el mismo día que arribarías tu vuelo. Hoy es su velorio.
— ¿Arribarías? ¿Qué quieres decir? Entonces… ¿qué hago aquí? No abordaría el vuelo con tal noticia…
—Lo sé. Pero necesitas saber del itinerario. Dejaremos tus pertenencias en el avión. Hablé con el comandante japonés Cruise, quién también te dará instrucciones al llegar. Tu equipo está en Tokio ya. Faltas tú e Izumi que lleven la indumentaria y mis instrucciones. Ven a mi oficina por tarde. —Termina la llamada.

Kimi me dice que estará todo bien, y que tenemos que dirigirnos a la oficina de Menuit.

Tomé el taxi, aguantándome cada trago de llanto y rabia contenida, apenas jadeando con cada pierna. Pedí dejar a mi perro con mi hermana que vive en Montmartre. Kimi durante el viaje me sostiene el brazo como si se tratase de un derrumbe de mis extremidades motoras; lo que era cierto. Me dijo que tenía que sostenerme. Antes de llegar, pasé a la floristería a comprar dos rosas rojas, luego nos dirigíamos directo a Menuit.

Voy a su oficina antes del velorio. Me siento como adolescente cuando mis padres me regañaban al ir a su oficina, probablemente no era nada serio, eso decía.

—Mulholland. Izumi. Su vuelo sale este lunes 18 de Mayo a las 15:00 horas. Sé que para Mulholland ha sido difícil e inesperado este tema de su antiguo compañero. Pero es necesario tomar cartas en el asunto, y avanzar. Este es otro caso. —Responde atragantándose el llanto.
—Sí, lo es. Denos las instrucciones. —Respondí casi efusivamente.
—Antes, decir que el comandante Cruise del gobierno japonés, fue muy comprensible con este tema, es por eso que el vuelo no sale mañana, sino el lunes de la semana entrante. Agregar que, además él dará instrucciones cuando arriben en Tokio. Estas son mis notas que se las entregaré en papel a cada una:
1.- Tener en cuenta todo tipo de pistas. Nada es descartable. —Comienza a parafrasear.
 «Toda intuición en que se da algo originariamente es una fuente de derecho de conocimiento, todo lo que se nos brinda originariamente (por decirlo así, en su realidad corpórea) en la intuición, hay que tomarlo simplemente como se da, pero también sólo dentro de los límites en que se da.» –Edmund Husserl.
2.- Cumplir con los protocolos regulares (tener arma de servicio, chaleco antibalas, placa, identificación, pasaporte al día, respetar la jurisdicción, no ir en contra de la ley o formalidades).
3.- Llevar equipo de análisis (indumentaria, químicos, guantes quirúrgicos, mezclas, etc).
4.- Llevar la grabadora y un cuaderno de notas. Tomar fotos de la evidencia.
5.- Interrogar y perseguir a los sospechosos en agua tibia. (Significa no involucrarse y no alejarse mucho del sospechoso, la idea es estar en un status profesional todo el tiempo)
6.- Contactar al forense o a sus superiores cuando sea necesario. Enviar muestras con criminalística.
7.-Dinero no es un problema, será encargado a su cuenta semanalmente mediante su esfuerzo y trabajo dado. Siempre en cantidades razonables.
8.-Tendrán un seguro de salud en caso de cualquier accidente, médicos y psicólogos para cualquier eventualidad. Contarán con pólizas en caso de robo o hurto. 
9.-Tener en cuenta de que tienen representante legal. Sabiendo sus derechos y deberes
—Este último es un copiado mío. — parafraseando el filósofo de mi jefe, como siempre. 
10.- «Cuando dos sucesos aparentemente inconexos acaecen al unísono debemos prestarle toda nuestra atención».

—Pues bien, eso sería por ahora, lo demás y lo aparente lo sabrán. Ahora les deseo éxito y no suerte; esta no existe. — Termina con un gran suspiro, como si tuviese que alimentarse de aire y no desinflarse ante las noticias.
—Me despido, saluden al comandante de mi parte. Luego las veré antes de que tomen el vuelo. —Saca su fino pañuelo, y se cubre sus lágrimas. Su tristeza aumenta mis ganas de llorar.

Después de irnos, y subir al auto, no me resistía a pensar que él murió solo... De aquella mirada que me clavaba con reojos el último día que lo divisé en la oficina, mientras yo hablaba con un colega y también jugaba al reojo. Más aun, aquel sueño que tuve… era como eso de la acción fantasmagórica a distancia, que encajaba perfectamente en la escenografía de este teatro burdo y absurdo que le solía platicar. Largas charlas de colegas, más no de aliados –porque no acepté esa preposición– las cuales  no deseo borrar de mi memoria. Era la reminiscencia de un fotógrafo, la fotografía fantasma, lo que había dejado de él. Y cada vez me resulta extraño y lejano plasmar…Porque los sentimientos se han ido, me queda sólo en una parte de cajas y fotografías con sus recuerdos. Yo sentía el vacío completamente…

En fin, esto fue lo que extraje de mi cuaderno de sueños –lo uso después de despertar de un sueño lúcido, mi intento de creerme psicoanalista–.

            #1
Soñé que hablé con él. Me miraba con esos ojos castaños que me clavaban donde fuese a parar. Estábamos en la misma plaza donde solíamos hablar por horas… estaba yo parada, y él sentado, muy serio. Esta vez noté que era él, no un espejismo de su ser ese que me hizo cuando discutimos un mes antes de su muerte. Le dije del por qué me alejé de él, la razón de por qué dejamos de ser amigos –decisión tomada por mí cuando discutimos– me enojé más cuando charlamos por última vez, en este sagaz sueño.
—Estoy arrepentido…
— ¿De qué se podría saber? —Pregunté exaltada.
—De todo… de lo que te hice.
—Me dijiste “piénsalo” y me dejaste ir. Sólo me mirabas a distancia.
—…
—Sabes ¿por qué no puedo atacarte?—Increpaba y me consumía en el momento.
— ¿Por qué?
—La misma razón de porque me alejé de ti. Tu ego. Eres absorbente, muy orgulloso, no ves lo que tienes en frente. Disparas a tu enemigo; efusivo. Siendo que tú no sabes quién es el verdadero enemigo. ¡Tú! Te falta mucha paciencia te dije, centrarte en ti mismo y no temerle a la oscuridad de tu soledad. Lo que me llevó a rechazar mi alianza contigo, y tu amistad de una vez por todas. Ya no quería  interferir más, siendo que mi esperanza… se perdía en extravagancia. No eres más que el causante de sus propios males. No hay peor enemigo que uno mismo, el mismo ciego que no quiere ver. —Enojos y llantos, que lo terminé abrazando. Despidiéndome. Alejándome de aquel lugar.

Recuerdo que desperté, anoté aquello y volví a coger el sueño. Ahora lo pego a este diario o bitácora cibernética para enviar a un espectro. Sé que estás ahí, aunque no pueda comunicarme siempre, al menos trataré. Espero detallar el caso.

Sí, llevo ese cuaderno a todas partes, tanto como mi cámara. Este también lo llevo ahora, sólo que más ordenado, y no tan esparcido con las lluvias e intentos de Apollinaire. Este onírico, se lo muestro a mi psicólogo antes de que me hipnotice o me haga alguna regresión –de algún suceso o caso que me marque– casi siempre me ayuda a resolver algún caso. Según su análisis, cree que tengo clarividencia. La misma razón de por qué mi antiguo compañero me solía decir «Sacerdotisa», aquella mujer que predecía el futuro; una völva. Pero ese es un asunto al que mi intuición y experiencia han comprobado. Especialmente cuando digo: “Algo malo va a pasar”. Mirando fechas y no estimando exactitud.

Ahora no es el tiempo para ahondar en otro sueño que una socia tuvo conmigo y él, dos semanas antes.  Ella ya ha soñado dos veces con nosotros, y me parece que fue una relación especial. Ahora siento que me sale un déjà sentí a flote.

Bueno, después de llegar al lugar del velorio, no habían entregado el servicio médico su cuerpo y teníamos que esperar unas tres horas. Recuerdo que no almorzamos, y sólo paseamos por los alrededores. Kimi decía que esto sería un tópico recurrente en mí, y es así. Culpo a mi mente y al casi extirpado sentido de culpabilidad por no haber ayudado a mi compañero.

De la espera, tuve que aguantarme pero no pude. Vi a su hermana, su madre, profesores, familiares y colegas. Entré para ver si era verdad. Sí estaba muerto, parecía un muñeco con labios agrietados y morados, sentía que respiraba detrás de ese cristal…Yo decía para mí por qué hacía esto, no debía dejar a su familia…Tenía que haberme pedido ayuda, pero fue inevitable el hecho. Inevitable llorar; desmoronarme. Un profesor y una socia tuvieron que sostenerme porque mi cuerpo no daba para levantarme, pero me sostuve sollozando todo aquel recuerdo que proviniese de él. De tanto llorar y sentirme mal, duré dos horas. Tuve que marcharme, no daba más –que decir del hambre presente, ya no contaba mucho– soportar la fatalidad una vez, la estrechez de mi pecho que bombeaba con cada respiro que provocaba lo repentino del suceso.

Fui a mi casa, traté de no llorar, pero todo lo que me ocurrió esa tarde era como todo lo que hacía, me recordaba a él. Incluso escribí –cosa que dejé cuando lo conocí por no tener gana en nada– porque me consumía su presencia. Recordaba que él era un hombre inteligente, con mucho potencial por delante –casi un poco infravalorado por sus semejantes– algo absorbente, y decadente. Pedante en caminar y airoso al hablar. Siempre rodeado de gente. Decía que «el enemigo no puede verme solo» con lo que terminó trágicamente así. Pero, –tenía la sensación de que algo lo mató, esos súcubos que paralizaban su sueño, al punto de quitarle su energía– sentía que fue rodeado de estrés… sus pensamientos, preocupaciones y mayores temores. Lo que le decía sobre las astillas de su ego. Existía en él eros en su mente hacia el sexo opuesto, obsesionado con las rubias de cabello, algo vacío para un “caballero".

Me vino a la imagen esa vez que discutí con él, le hablé del vacío de sus últimas vivencias. Siendo que repetía que estaba bien, y que debíamos ser amigos –siendo que siempre lo fuimos–. Pero ocurría que ya estaba interviniendo como agujero de gusano en su universo, al punto de crear una realidad alternativa la cual no debía introducirme. Me era difícil lidiar con ese salón de espejos que creaba, semana tras semana para “protegerse de algo”. Con eso, se confirma cada vez más de que no sabía quién era porque creaba una máscara para agradar y mimetizar socialmente. Yo decía si era así, era mejor dejar nuestra amistad. Me resuena, que esto ocurrió un mes antes –exacto– al día que murió.

Pero una cosa que contar, con todo esto. Es el sentimiento de como renací. Eadem mutata resurgo, todo eso a través de ese hecho. Como comprobé de nuestras charlas, y lo que investigaba –a través de mi lectura– sobre hechos acausales y atemporales que ocurrían al hombre…y de alguna manera conectaban con el ajedrez de esta realidad. Al final, aprendí mucho de esta trágica experiencia.

Pero… hay una cosa que me pasa mientras escribo esto, sentimientos, pensamientos; el tiempo. Como juega el rol de mi memoria. Sé que no estarán luego de un momento en lo que respecta al tiempo. Lo mismo cuando pones dedos al agua sabiendo que has perturbado la calma. Acá trato de plasmar como me ocurre aquello, aunque no siempre –tratando de recordar– logre la misma sensación o conexión de esos sentimientos con los márgenes y mártires del tiempo. Más resulta familiar usar la noción del tiempo. Pasa que resulta circular andar por el mismo bosque, dejando pistas de comida para no perder el rastro. Sabes que a medida de que avanzas la perspectiva habrá cambiado, y tú con ello. La imagen tiende a ser la misma para poder retratar al tratar de explicar, pero se ha esfumado –o quizás exhumado– el sentimiento. Suele suceder que uno se puede sugestionar –no me ha pasado– y habría la posibilidad de crear una memoria distinta a la que se almacenó –sé qué pasa cuando uno vive una situación traumatizante o no quiere vivirla, y se  miente al cerebro inconscientemente–. Pasa también, si uno cuenta a los demás las imágenes se revelarán por sí mismas, aunque cambie el tono, esperando a que suene una melodía; esta habrá cambiado. Acabando en un todo cambia y nada permanece. Algo que un hombre me hablaba en el sueño esa noche:

#2
Ese día soñé con un hombre, al cual no recordaba su rostro. En eso, entré a un túnel que me dirigía a un bosque que olía a canela, seguía una larva gigante y luminosa que me indicaba el abismal centro nebuloso... Vi a aquél hombre de luto en medio del bosque, cabizbajo.  Me dijo que su nombre era Espectro, y que estaba esperando en ese lugar.  No pregunté qué, si me parecía raro lo que su dedo índice me señalaba… Era un ataúd. El mismo de mi compañero. Estaba yo en shock.
— ¿Quién lo diría? Blanca Nieves era un hombre y no una chica desprovista de protección y fuerzas…— Dijo apuntando al ataúd y quitando la niebla de su alrededor.
—Suena a  ironía de su parte.  Lo veo y recuerdo que lo último que me dijo fue «Piénsalo, no me puedes hacer esto. Piensa antes de hacer algo tan inesperado ». Su muerte fue inesperada.
—Lo sé. Te ayudará a resolver parte de tu caso. Va a ser la gradación de muchas cosas que no permanecen. Todo cambia, y nada permanece. Peldaño tras peldaño que degrada y desaparece.
— ¿Cómo sabes del caso? Y, ¿de él?
—No hace falta conocerte, sino leerte. De la manera de tu vestimenta, indica en que trabajas. No es necesario de ser un experto. En cuanto a tu compañero; lo investigué.
—Pero… ¿por qué involucrarlo a él?
—Esto lo sabes. Fue la piedra tope del caos que provocaría, y se lo mencionaste hace un año, ¿cierto?
—No qué tipo de caos.
— ¿Sabes? Están muriendo personas en el sueño. Tú sabes… al otro lado. Sabes que esto funciona mejor en la oscuridad… como él te decía como en los videojuegos.
—Sí, pero no como una matrix. — Respondí de manera afable.
—No es un timo, ni ultraje. Lo que ocurre es real, que no todos los ojos abiertos puedan ver es distinto.
—Entiendo. ¿Sabes del responsable?
—Yo hackee el sistema luego que te tu compañero renunció. Él tenía acceso a saber quién era el posible culpable; estaba  la evidencia clave.
—Notas que eso es un crimen, ¿no? —Sentí que el escenario cambiaba a una cafetería, lo que fue de la nada.
—Pero no puedes culparme, sin primero saber quién soy. —Sorbetea el café negro que tenía al lado.
—Cierto, tampoco tengo evidencias.
—Como decía… había un informe que hablaba de un  hacker conocido de la máquina para reproducir sueños, pero algo fue gradualmente en  descontrol que ya no era necesaria la máquina para reproducir, sino que esta se reproducía al azar en las personas, creando choque de realidades.
—Ahora entiendo. —Asentía saboreando el trozo de pastel de aquella cafetería que me parecía algo familiar… un aroma dulce; a canela.
—Eso en resumidas palabras. Hay que estar atentos por evidencia, la cual te ayudaré a recolectar.
—Pero dime… ¿esto se verá en otra realidad o esta?
—Ambas. Ahora tienes que ser cuidadosa. Me tengo que marchar.
—Pero…

Desperté súbitamente, con mucha arritmia y sabor amargo en mi mente. Era la sensación extraña de que en lo ulterior saco mi interior, este se achica ahonda y retrae, lo que mi palpitar no sabe y se sobresalta en el pecho. Volví a mi preciada almohada y concilié el sueño.

Segunda entrada.                                                                                                        15 de Mayo, 2049.

Al amanecer, desperté pensando en el funeral que no asistiría. No sabía si me correspondía, así que me quedé en casa analizando el sueño. Tampoco emocionalmente podía salir siquiera ver un momento el sol y escuchar al impetuoso zorzal cantar… sólo lloré y lloré, y más lágrimas derramé… parecía que el lobo derretía la casa de los cerditos. Llegué a la conclusión que al espectro no conocía, sin embargo, sería útil en la trama. Pensé también que el cumpleaños de mi compañero iba a ser en unos días… pero años él no cumpliría. Es muy triste pensar en la fragilidad de la vida.

Recapitulo algo; sus sueños. Eran grotescos y extraños, llenos de sexo que me mencionaba con súcubos…con la repugnante materia. Sufría también de insomnio, debido a las preocupaciones por mantener a su familia… ahora trato de conectar esto con sus sueños, porque es probable que tengan mucho que ver.

Fui a la oficina a buscar los informes que el jefe tenía y me encontré con una sorpresa…

—Hélene. Te han dejado un pastel. —Dijo la secretaria del jefe.
— ¿A nombre de quién?
—No dijo. Lo traen desde la planta baja.
— ¿Hace cuánto fue que lo dejó?
—Justo hace un momento— Usando con un tono casi atolondrado y generalizado usualmente que uno ve en secretarias.

Corrí a ver quién había sido, y sólo topé con un hombre barbudo que no vestía de traje. Pedí disculpas y salí a  ver que tenía ese pastel.

Abrí una caja blanca. Y vi como las hormigas habían tenido un encuentro orgiástico con el pastel que daba asco y risa a la vez, parecía que tapaban algo en el centro del pastel. Era una nota.

Recuerde estar desde el Colossus vigila, estaré cerca porque Fulcanelli revise el informe de su compañero. Atenta en el sueño.
X.

Me parecía muy inusual tal recado. Además noté algo. La “X”. Colossus vigila. Fulcanelli y mi compañero. ¿Quién es él? En tanto llamé a Kimi si sabía algo de esto.

— ¿Sabías del pastel que me ha llegado esta mañana?
—En lo absoluto, ¿por?
—Llegó con un mensaje, y necesito que lo revises.
—Acaba de llegar tu mensaje, es como si estuviese diciendo algo.
—Lo sé, pero ¿qué crees que es?
—Un simple mensaje. No creo que sea un admirador. —Se ríe al otro lado de la línea.
—Esto es serio. ¿Crees que sea una amenaza?
—No exageres, apuesto que es un simple mensaje de aviso. Usa la navaja de Ockham para resolverlo.
— ¿No puedes ayudarme?
—Envíame el papel. Analizaré si contiene más que sólo palabras.
—Ok. —Colgué.

Olvidé que los informes serían revisados por el jefe y los obtendría una vez que me los entregase personalmente. No sabía cuándo.

Me llama la atención la nota… quizás la respuesta sea más simple de lo que parece.

Mientras tanto fui a buscar a Toulouse a la casa de mi hermana. Tenía a mi perro abandonado, en la casa de un gato –bueno en una casi señora de los gatos–. 

Toulouse se veía algo exaltado, con sus pupilas dilatadas…sentí que sería de gran ayuda su compañía antes de ir al viaje. Hasta olvidé llevarlo al veterinario, tenía tiempo antes del vuelo.

Tomé el auto y me dirigí hacia la veterinaria, no mostraba signos de anormalidad en cuento a la salud del perro me decía. Sólo que era necesario vacunarlo en caso de cualquier parásito extranjero. Vacunado mi amigo, fui a casa con aquella nota en un pastel atacado por hormigas, y que obviamente debía ser botado. Encargué a la secretaria, pues ella había sido la receptora.

Hablando y escribiendo sobre pastel, este era de frutilla con un frosting de vainilla encima. Al parecer no había nada más en ello. Hasta que recibo una llamada.

— ¡Hélene! — grita exasperada la secretaria del jefe.
— ¡¿Qué?!— Respondí mientras iba manejando.
— ¡Hay una larva en la oficina, es gigante! Creo que viene del pastel.
—Deshazte de eso, mátalo.
—Sí… lo haré.
—Después revisa la caja por favor, espero no encontrar nada inusual cuando vuelva Zenón. Te lo pido. Otra cosa… necesito los informes de mi compañero, los de su muerte y de la agencia, por favor.
—Muy bien, pero fue asqueroso matar esa porquería. — Pareciera que ella cantara un eww por teléfono.
—Lo sé, pero necesito los informes, urgente.
—Los recopilaré como el jefe me dijo antes de entregárselos personalmente, él tiene uno más sobre las causas de su muerte que han llegado esta mañana. Espera a que te transfiera a su llamada. — Suenan esas melodías de jazz de Nueva York que me transportan a donde antes solía vivir…
— ¡Hey, Mulholland! Tu compañero parece haber sufrido de un cuadro de estrés, eso arrojó su biopsia. Hay algunas cosas que debo mencionar, como por ejemplo su consumo de patillas para dormir y tabaco… ¿reconoces algo inusual?
—Sí, sólo el consumo de tabaco. Él sufría de insomnio, también de parálisis del sueño.
—Interesante, ¿sabes algo inusual de su comportamiento? Porque ustedes eran bastante cercanos…
—Sólo que actuaba extraño cuando yo estaba cerca…mmm…me ignoraba, estaba algo irritado y se veía hiperventilado…
—Está aquí presente el sargento escuchando este video llamada. Estas siendo interrogada, porque se pretende hacer una investigación tras estos hechos de muerte. Es posible que en Japón encuentres un patrón similar sobre las muertes de esas personas. En tanto tu testimonio, y ayuda serán bienvenidas al caso. —Fuma su puro colombiano para añadir dramatismo a la escena.
—Señorita Mulholland, ¿sabría decirme si sabía algo de su muerte?
— ¿Sinceramente?
—Sí— su tono de mando se penetra en mi cerebro en desorden.
—Bueno, hace unas semanas dije que él moriría solo… y estaba enojada cuando lo dije… también presentía que algo pasaría porque miraba mucho las fechas –las de nuestros cumpleaños por ejemplo–. Mencioné a mi hermana que alguien cercano a mí, moriría repentinamente. También que él me vigilaba constantemente cuando salía de la agencia hacia mi hogar.
—Está bien. Debe llevar esta grabadora que se activa mediante la voz, hábleme a mi desde ahora como su informante oficial del caso. Mi nombre es Orfeo, trabajo como forense y soy sargento. Esto es asunto público que estamos involucrados. Ahora usted se me dirige como O. Llamará a su jefe sólo en casos necesarios, pero yo tendré que saberlo con anterioridad. ¿Está clara?
—Sí, señor.
—Muy bien, su vuelo saldrá este lunes como estaba planeado. Le entregaremos armas y equipos especiales aparte de los que se deben llevar por la agencia. Mientras tanto, mentalícese para el largo viaje. Tenga un buen fin de semana.
—Excelente. —Cuelgo.


Tercera entrada                                                                                                           16 de mayo, 2049

No escribiré hoy por cansancio. Tampoco escanearé más hojas de mis diarios hoy.

Han sido días emocionalmente cansadores que contagian mi físico, y necesito el descanso antes de irme. Dejaré notas para ese día, y luego subiré todo lo que escriba durante el día y cuando esté despierta.

Mientras tanto, dejo este poema de William Blake sobre los sueños.

Cierta vez un sueño tejió una sombra
sobre mi cama que un ángel protegía:
era una hormiga que se había perdido
por la hierba donde yo creía que estaba.

Confundida, perpleja y desesperada,
oscura, cercada por tinieblas, exhausta,
tropezaba entre la extendida maraña,
toda desconsolada, y le escuché decir:
"¡Oh, hijos míos! ¿Acaso lloran?
¿Oirán cómo suspira su padre?
¿Acaso rondan por ahí para buscarme?
¿Acaso regresan y sollozan por mí?"

Compadecido, solté una lágrima;
pero cerca vi una luciérnaga,
que respondió: "¿Qué quejido humano
convoca al guardián de la noche?

Me corresponde iluminar la arboleda
mientras el escarabajo hace su ronda:
sigue ahora el zumbido del escarabajo;
pequeña vagabunda, vuelve pronto a casa."


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