Carta al observador enjaulado
Carta
al observador enjaulado.
(Perdida entre mis cosas y un
pequeño flash a quien podría ayudar).
¿Por qué escribiste de mí?,
¿qué hace mi compañero ahí? En serio… ¿de qué sirve observarme y absorber
experiencias para usarlas en tu arte? Tengo muchas preguntas que hacer, y la
verdad ojalá las haga y no pierda mi tiempo escarbando respuestas.
Si lees esto, espero que tú
como los demás se sirvan de un plato simulado con mucha realidad tiene. Algo
que negarías por completo, mutando en algo irónico como tu inexistencia e
ilusión que acuñes al tiempo; sé un ratón dentro del estómago del gato de
Schrödinger. Lentamente digerido.
Probablemente he tenido un
mejor repertorio preparado… pero se ha esfumado como las bocanadas tóxicas de
tu tabaco tan particular; con veneno de rata justo para matar.
Ese testamento transformado en
canción me ha hecho dudar. Aquel enviado luego de “matar el mundo” con un papel
transformado en bola, y yo siendo un monstruo. Hydra… lo sé, debo admitir que
me gusta lo bestial y la sutilidad adoptada a la serpiente. Adaptabilidad al
cambio, sutilidad al camino por que se anda… un animal interesante.
Creo estimado, que si quisiera
dormir hasta envejecer; ya estaría muerta. Por alguna razón el cementerio se
llama así, ¿no es cierto?
Me gustaría saber tus cambios,
impulsos y tonterías que me hacer reír. El cambio e impulso que expresas “tan a
flor de piel” como dices, en especial; las tratativas de locura y egolatría. Tú
las tienes, y me las has atribuido luego –esto es lo que creo, quizás falle
intuitivamente– de exponer mi visión de que no escribiría de ti y convertiría
en silencio. Pero… ¿cómo no devolverte el favor? Ante tan charlatán sofista
enjaulado por su propia visión sin involucrarse con ello, y no revivir
experiencias sólo que con distintos factores se te ha presentado. Usar medios y
no fines artísticos suena casi maquiavélico. Usar a mi compañero como amigo ya
no es un juego. Quiero en esto ser un fin; no un medio. Un fin con su propio
cosmos –uso una frase tuya, la del universo– cuando predigas la fijación de
esferas.
Pero lo que gracia tiene es tu
repertorio, la charlatanería, la copia de frases mías –no sé si para agradar–
la farsa de esta comedia y de tu amante (la incluyo porque me da pena, es como
un personaje extra para condimentar el trazo de la prosa). Eres una comedia
andante, yo el observador; el espectador que mira desde tu intraversión que
parece contravención redundante. Sócrates de público que cuestiona. “¿Por qué
lo haces?, ¿es para llamar atención? ¿Eso es lo que eres?
Sírvete de una simulación. De
un encanto pasajero que se relata por contemplación y poca conversación, lo
corporeal que es tu soledad saneada por la fantasía de compañía a una amante
sumisa y monótona. Alguien que no amas y usas para copular un deseo hedonista
atrapado en tu psique. Sigues en una jaula que representa tu mundo, tan
cuadrada y esférica. Ella también ha estado ahí, desde muchos años. Alguien que
comprendió tu soledad y que hace un año intentabas dejar por otra mujer que le
hiciste los mismos repertorios –hasta alguna canción no revelada, creo– que a mí.
Alguien que vive también en tu jaula porque representa control de tu realidad,
sabiendo que y no hacer… teniendo previstos pasos y comodidad al alcance. El mismo horror vacui que veo en todos.
A
tu alter ego, dos mujeres que han comprendido tu soledad. La
jaula; tu mundo, tu cotidiano. Algo que he podido observar y da pena, por
esperar talento de verdad en la esencia de tu proyectas en un espejo; tu quid.
Deseo ver eso, un ser desprovisto de jaula, con necesidad y afán por ver el
mundo. Quizás es por eso que mi compañero de consideraba como su amigo… algo
más que sólo caerle bien. Quizás fue el arte. O fue el conocimiento que su
cerebro guardaba y tu como esponja deseabas absorber y lo hacer conmigo cada
vez que conversamos, haciéndote el interesante.
Todavía me queda por vociferar
en este teclado, algo que solapar en palabras para explayarme en que acaso
hubiese dentro de ti un signo digno de analizar…Algo para quitarme un prejuicio
inicial de lo que te dije cuando te vi. Ningún adjetivo ha cambiado.
Probablemente si te lo pregunto me contestes, pero aún quedan asuntos
pendientes…
Hasta una conversación
sustanciosa porque todavía tengo preguntas,
“de
tu compañera de historias y poesía” H. Mulholland.
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