Reminiscencia del fotógrafo fantasmal
Reminiscencia
del fotógrafo fantasmal.


Bifurcada
cerebral.
Bitácora
numeral.
Dialéctica
teselar.
–Apéndice
de una fotografía fantasmal–.
Siendo que hoy van dos
décadas de existencia, decidí subirme a un carrusel de alegorías.
Sé de antemano que me
queda mucho por hacer, descubrir, observar, escuchar, escribir, relatar,
experimentar, crecer, aprender, fotografiar, pasear, etcétera. Ya con una
semana un poco menos productiva, y un tanto deprimida. Lectura lenta, estudios
apartados. Conversaciones a lo gato de Schrödinger. Siguiendo en el tintero de
mi mente a alguien quien quise mucho, y otro a quién creía haber olvidado…
En fin, las dos décadas
han demostrado que muchas cosas han cambiado, y otras derrumbado. La muerte de
un amigo –a quién presentí su muerte inminente– representó como se desplomaba
todo a mi alrededor, y cómo fue que ocurrió una suerte de Eadem mutata resurgo de
mi ego. Lo noté y notaron las personas a mí alrededor.
Consumir el tiempo,
hablar a destiempos… rutina un ejemplo, arruinar… algo casi concuerdo. Palpando
este teclado tengo. Guardando la reminiscencia de las facetas de mi ser. La pequeña
niña que era curiosa y sacaba muchas fotos porque quería guardar recuerdos, un
baúl a todos esos colores que atesoraba con egoísmo casi… ahora mucho más
grande. Esa melomanía y melancolía que juegan con nostalgia del día a día…Quizás
se mantenga esa capacidad de asombro que me dicen que nunca pierda, porque
constituiría; en un motor. Siento que el
mejor motor es la fuerza de voluntad. Ningún Dios o bestia. Lo mismo que dijo
un profesor: «Cuidado con los falsos dioses».
Esto de pensar en hacer
un apéndice, del intestino grueso de la
fotografía fantasmagórica. Representando: “Esto es lo poco que queda, en mí
de ti.” Lo último en despedidas. Pero está hecho, la plétora anterior sobre él.
Termina siendo una imagen a la que intento plasmar en este escrito. Una que
intento recordar ahora.
Esta semana me sentí en un salón de espejos,
tratando de mirar imágenes que se diluyen con el tiempo. Estaba ahí mismo, en
el medio de los espejos que me hiciste ver y a los demás, ahora rotos con tu
ausencia a la que no puedo olvidar… todos esos espejos rotos. Ya no hay ego, ni
vacuidad de él. Me siento a ver cómo el tiempo ha transcurrido desde que nos
conocimos.
Ya va un año. Me siento,
y no te veo. Vi la luz de alguien a que me decías con ese tono burlesco. Tú terminaste
confundiéndote al igual que él. Menuda tontería sobre coincidencias…
Es tal como poner una
mano en una pecera de fotografías; me es difícil olvidarte. Ha hace dos semanas
partiste. Ese negativo que no puedo revelar, más si relatar, aunque no ante mí
misma. Es una imagen negra. No hay nada más que una imagen a la que resultó
fallida. Sin siluetas, ausencia de luz y sombras, eso es lo que queda.
Me pasa contigo que
cuando converso con amigos y formando monólogos. Me di cuenta de que relaciono
la fotografía con mi memoria, y que el momento es un abrir y cerrar de ojos el
que intentas conservar. Por eso trato de mantener algún color de esa pecera, no
lo sé… una imagen. De tanto que lo pensé, que hasta soñé contigo. Era una despedida,
creo que el adiós y un homenaje a tu aguerrida figura. Esta fue inducida por el
cansancio de la nada de ese día, más el deseo de saber… algo sabía que tenía
que hacer.
Ese día usaste esa
misma chaqueta azul marino que usabas, la cual te caracterizaba. La misma mirada
que me clavaba al divisarme a la entrada de un restaurante. Íbamos a comer
sushi. El hecho de sentir tu presencia, era casi una partida y despedida de tu
parte al parecer… era ese tipo de presencia que sentía siempre a distancia, y
ahora tratando de dar color a una fotografía; un recuerdo. Me marcó completamente ese sueño, y
me asombró –nunca he tenido un sueño lúcido, en una tarde de siesta
inconsciente de mi cansancio inducido– sentir los
latidos de mi corazón tan intensamente. Te vi con tu celular esperándome. Hiciste
lo mismo hace un año, cuando me esperabas en el casino con tu computador. Me
decías que me apurara. Llegué y te sentí. Desperté justo ahí.
Mi corazón no dejaba de
palpitar, era como si se fuese a salir a una dirección que desconocía. Me costó
mucho volver a mi pulso normal. Lo que sí sabía que ya era el final, luego de
percatarme que después dormiría y no te encontraría…
El final uno trágico,
el cual sabía pero desconocía el exacto cuándo.
La
acción fantasmagórica a distancia se
había comprobado…
Yo te había esperado,
te ayudé. Te fuiste solo por aquél bosque, y te despediste de mí.
No olvidaré nunca el
regalo que me hiciste hace un año, el libro. Ese que me dijiste que lo leíste a
los nueve años, y te habían pasado muchas cosas de las cuales aprendiste, y que
este año me dijiste que ya no te interesaban. Me resultó curioso y dicotómico a
la vez. Todavía me resuena.
Me resuena pensar en tu
amigo –no creí que fueran porque no los veía juntos–. Esa pequeña rata
melancólica, que embriagada por pasiones escribió una canción para ti. Me
partió el corazón, que choqué con una marea de emociones únicas con un buen
mensaje detrás. No pensé que así sería el vínculo o relación contigo, siendo
que él y yo somos seres parecidos pero alejados de muchas cosas. Quizás por eso
se llevaban bien, sus conceptos pasionales, el arte, la vida. Sólo ustedes dos
saben que buena amistad hayan tenido.
Me resuena pensar
todavía en lo que dijo Andrea: «Me dijo
cositas muy lindas de ti» ¿Qué cositas lindas de mí? Ella sólo respondió a
lo de buena amiga. Sentí más que sólo esas palabras… ella tenía que decírmelas.
Me sorprendió mucho, que me reconoció por cómo vestía… todo eso ese día… Wow...
Me resuena lo que debe
estar pensando y pasando tu amigo, quien estuvo el último de tus días de vida. A
quién le compartiste cada rincón de su casa. Al que, al parecer, te alejó de mí.
Me pregunté hace rato lo del triángulo amoroso… ¿o no quería perderte por
alguna mujer? Curioso… ¿será mi imaginación?
Me resuena saber que es
posible que hubieses tenido una posible depresión –según yo, pero necesito
evidencia– y que todos estos símbolos de tu actitud que tuviste hacia mí, y ahora
comiencen a encajar como rompecabezas de Jigsaw. El insomnio, el mal humor, las
pastillas, la hiperventilación, el tabaquismo, el estrés, el mal rendimiento
académico que te afectaba en lo emocional… llevándolo como una mochila de carga
a tu casa.
Me resuena eso de que "estabas enamorado". De una tipa que al parecer... no te sacó de tu estado.
Entonces… ¿era verdad
que estabas y te sentías solo? Esa vez lo pensé previo a la prueba, que querías
que me sintiese mal por ti cuando me lo dijiste. No pensé que de verdad
necesitases ayuda; una mano siquiera. Alguien que te sacara, alguien que no
necesariamente tenías que gustarle. Era alguien que sólo debía ayudarte,
escucharte y tolerarte.
Un
amigo verdadero. Eso necesitabas, mas no una mujer a tu lado.
Espero recordarte con
esto, espero no olvidarte, que en mis mares no hay odio. Ya yace un recuerdo
que me cambió. Al menos si lo leo, sé que no será lo mismo. Pero los
sentimientos están ahí; intactos, preservados. Fotografiarlo, algo que –no hice
cuando estabas vivo, esa sesión de fotos– espero que algún día salga algo…
Espero verte algún día…
Aunque ahora me tenga
que marchar y avanzar…
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