Poiesis

Poiesis.

Efigie de un pequeño ser,  addenda vs. realidad.

Diario empírico, mnemotecnia aparente de la realidad que esta asciende…

Antes de comenzar escribiendo mi diario, me llamo Sophie.

Escribo como parte de mi anamnesis, en demasía. Siendo parte del tiempo transcurrido que recuerdo, casi vívidamente en mis cortos años. Esa larga historia sobre cómo se cuidan los huevos y qué se hacen con ellos, una pequeña estereoscópica fotografía en mi mente que sigue latente, ya ahora siendo una escritora de tiempo completo. Una máquina para reproducir, la luz me hace surgir, de repente ese flash-back de mi niñez lúcida, a un simple pero intricado y desconocido suceso grabado en mi retina.

Ojalá fuera cineasta de mi propia memoria, viviendo en un pequeño filme con buena banda sonora, donde estuve presente en la vida de ese pequeño ser –donde hasta cuidé de su descendencia– vacía en exterior, pero con esencia en su interior. Ver lo que se desarrolló me resulto un llamado de atención a mi intuición, ya que, fue un huevo de un animal muy particular y diminuto que en el momento enfoqué mi atención respecto al otro gran huevo puesto a su lado. Simplemente pensé: “Se ve interesante, que el otro huevo más grande me resulta tan común, como un pollo”. Eso pensé a tan corta edad de siete años de vida, en mis arrebatos de curiosidad infantil, decidí tomar el huevo a que me disponía a ver en esa caja.

Un huevo del tamaño de un centavo, con pequeñas manchas cafés, ovalado, con puntillos grisáceos. Se veía tan extraño al principio, que pensé cambiarlo por otro en ese instante. Supuse que sería aburrido, algo molesto cuidarlo, quizás hasta me provoque un hastío enorme que apenas soportaré. Supongo que fui terca al principio, e interesada en observar que pasaba más allá de tal huevo, al que llamé Luna, por esa gran mancha café que parecía un latte en la cáscara. Siento que a su pleno desarrollo se formará un círculo, uno de esos que no disuelves si sabes que complementa. Y terminó siendo así.  Al principio fue empírea, luego que se tornó difícil de ver qué pasaba más allá de lo que a simple vista obviaba. Y es cosa de cómo avanza la realidad, cómo nos vamos dando cuenta de que todo tiene que ocurrir a su momento y esperar por ello. Cómo uno llega a colisionar con la sustantividad de otro, y formas parte. Incluso, si vives aparte.

Algo que no pensé del pequeño gecko –sí, fue un reptil que salió de ese huevo diminuto– que fuera tan tierno y tan puro al nacer –toda vida es vulnerable, sin dejar de lado su nacimiento–. Tal momento de separación del huevo fue importante, más todo ese cambio que vino envuelto en capas derivadas en causalidad, más que en mera casualidad de los actos, más allá del proceso biológico de la metamorfosis y autopoiesis… Me vi enrolada en un universo –el cual, fue paralelo al mío– que crece por sí solo. Palpar una realidad, desmembrar su autenticidad, sin abjurar ni diseccionar en público. Era arte, física cuántica y biología ante mis ojos. Una pequeña socia, a que comparto mi tiempo y crimen del suceso. No debo decir gracias por llegar o escoger, simplemente me veo anonadada por eso. Cada gesto, cada momento. Es algo que necesitaba documentar en mi diario, más que una bitácora del proceso… es capturar –quizás de una manera egoísta por así decirlo– cuando uno toma fotos o colecciona estampillas. Me explico. Es algo que mantienes, pero no retienes porque sabes que tiene una esencia propia, ves su desarrollo y lo estimas tal cual es. Eso es lo que lo hace genial.

Al final concluí, que todo eso lo compone la realidad. Todo está relacionado, mucho más hilvanado de lo que pensamos. Un sistema macro, dentro de un sistema micro y viceversa. Es necesario aceptar más que tolerar, o quizás sea ese el primer paso. Pasa que cuando estas se entrelazan, es un efecto sine qua non.

Esta es mi perspectiva, mi ángulo de mira que espera, y vigila. Tal  como la niña que fui y tengo dentro. Una cámara no necesito, sí el rollo de mi memoria, curiosidad respetando esos límites y libertad de otro ser. Cada realidad se compone de muchos sistemas colisionándose entre sí, interactuando con los seres. «Nadando al final no te quedes, en especial si el tiempo no cede». Eso aprendí. De omni re scibili et quibusdam aliis…


In fine… mis palabras viven…tanto como yo, y otros seres del presente, y en ocasiones crean ataduras en la vida misma, las que lanzan pinturas que colorean  una pared en blanco. La que exige arte clamando por algún artista, biólogo, psicólogo, escritor, y etcétera… Que sea observado, luego atado a ese lienzo vasto. Un lienzo que sería un escrito, libro, fotografía. Han de preservar nuestra memoria, a alimentarla con recuerdos, salsearla con sentimientos que son el espectro de colores; que no sólo me ata a mí por medio de hilos, también a los demás en la exhibición, cosa que no nos podemos desligar. Todos tiran colores, estos no son del mismo tono. Es posible que concuerden y lleguen a la misma mezcla, aun así, son inherentes y característico en esencia. Esta es nuestra pintura, dentro de la galería que muchos confluimos y pasamos. Espero dejar más que un paso, y aprehender y aprender; crecer. 

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